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ORIGEN DEL ESTADO MODERNO, EL PODER POLITICO Y EL CONTRATO SOCIAL, SEGÚN TOMAS HOBBE Y JHON LOCKE.

INTRODUCCION

 

El presente ensayo tiene el propósito de abordar los principales postulados que dieron forma y constitución de las teorías políticas de Hobbes y de Locke en lo que se refiere a la construcción del Estado moderno y a la sociedad civil, así como el enunciado del contrato social respectivamente.

 

En base al análisis de la lectura de los referidos autores, hare una aproximación teórica y comparativa, de cómo el poder político en estas teorías se legitima desde el orden o el consenso bajo una estructura racional normativa de carácter universal, y que por ello la anarquía, el conflicto y expresiones sociales que pueden marcar una dinámica diferente de la vida pública, tendrán que ser consensuadas.

 

Fundamentalmente la idea es resaltar los principales aportes que se han gestado en torno al poder político y su legitimación. Para ello, abordaremos dos teorías políticas que a nuestra consideración, han marcado la dinámica política en las sociedades modernas. Ellas son, la teoría del Estado en Hobbes y de la sociedad civil en Locke

 

LA FORMACION DEL ESTADO, SEGÚN TOMAS HOBBES.

 

 

Los cambios que experimentaban algunos países europeos en el siglo XVI, especialmente Francia, Italia e Inglaterra, reflejaban una profunda crisis en la institución religiosa católica. Al verse ésta enfrentada a los postulados del protestantismo, sufre un resquebrajamiento en su influjo político, económico y social. Fruto de esta crisis se instaura un nuevo ordenamiento institucional enmarcado en la configuración de un poder político legal representado en el monarca, haciendo inminente que la participación del ciudadano sea una perspectiva diferente a la que subyace a los esquemas de ordenamiento tradicional.

 

 

Si la religión ya no es la medida del orden social, el hombre tiene que dar origen a una instancia jurídica que permita configurarlo. Dicha instancia es lo que se llamará en el ámbito de la modernidad el “Estado”. La génesis del Estado estaría dada por la celebración de un contrato que cada individuo realizaría con los demás, cediendo cada uno de ellos todo el poder a un tercero para que los gobernase.

 

 

La imagen del Estado emerge así como una institución política que aseguraría la convivencia pacífica del individuo garantizándole la seguridad, la “propia conservación y, por añadidura, el logro de una vida más armónica; es decir, abandonar la miserable condición de la guerra entre los hombres. Este razonamiento sobre el Estado se fundamenta en la preservación de la propia vida y no en la actividad legislativa que regula las acciones humanas. Para la construcción del Estado, Hobbes sugiere la necesidad de instaurar un pacto de convivencia social, pues el contrato simboliza “el mayor de los poderes humanos en el que se integra con los poderes de varios hombres unidos por el consentimiento en una persona natural o civil: tal es el poder de un Estado, donde las pasiones del hombre sean reducidas.

 

 

Este pacto de sumisión otorga al soberano el poder para hacer prevalecer por medio de normas y de consenso la gobernabilidad. Hobbes lo afirma así: “autorizo y transfiero a este hombre o asamblea de hombres mi derecho de gobernarme a mí mismo, con la condición de que vosotros transferiréis a él vuestro derecho, y autoricéis los actos de la misma manera” (Leviatan)

 

 

Es notorio que para la formación del Estado, el pacto o sumisión del individuo al conferir poder al soberano, justifica y fortalece ese poder común necesario para erigir una comunidad políticamente organizada. La gran cantidad de individuos que entregan su poder a la figura del soberano, es lo que, en última instancia, se denomina civitas o Leviatán, es decir, el Estado. De allí, menciona Hobbes, nace el “Dios mortal, al cual debemos, bajo el Dios inmortal, nuestra paz y nuestra defensa”(Leviatán) Por obra de la cesión de derechos, que realiza cada individuo, miembro del Estado a este dios es como adquiere tanta autoridad y es, por ese miedo que su poder inspira, que obliga a los hombres a conseguir la paz interna y a luchar en contra del enemigo externo.

 

 

En el Leviatán, dice Hobbes, radica la esencia del Estado y allí una persona se encargará de concentrar el poder. Esta persona no es más que el Soberano, pues en él se encarna el Estado; y cada uno de los individuos le debe respeto y sumisión en calidad de súbdito. Este soberano es un legislador, él hace las leyes y las interpreta, por tal razón nadie puede derogarlas: “El legislador de todos los Estados es sólo el soberano” (Hobbes, Leviatán), con pleno “derecho de hacer la guerra y la paz con otras naciones y Estados”(Hobbes, Leviatán). De lo anterior, se desprende que el elemento unificador de la soberanía del Estado es el poder del soberano. Este poder debe ser obedecido ya sea a través de la persuasión, de la voluntad de los súbditos o por medio de la coerción de la espada. El poder es soberano y absoluto cuando es obedecido de forma unánime y permanente.

 

 

El poder, de acuerdo con esta visión Hobbes determina que hay que establecer y estructurar  acuerdos, como el pacto de los ciudadanos. Por ello, la soberanía puede recaer sobre un individuo o sobre un grupo de individuos, dándose la monarquía, la democracia o la aristocracia, como las tres únicas formas de gobierno que concibe Hobbes. Este marco inicial nos lleva a concluir que Hobbes, aunque reconoce inicialmente una naturaleza conflictiva del ser humano, finalmente termina resolviendo el conflicto a través de un Estado, soberano, absoluto y lo suficientemente fuerte. Por esta causa, aunque reconoce la existencia de la democracia y de la aristocracia como posibilidades políticas para su época, termina privilegiando la monarquía.

 

 

Concluimos esta revisión teórica, diciendo que el poder político está justificado e institucionalizado. Su característica primordial es la de ser irrevocable, absoluto e Indisoluble y está representado en el soberano, quien cumple las funciones legítimas para que una sociedad funcione armónicamente. Por encima del soberano no puede haber otro poder, ni si quiera el de las leyes. El poder, en consecuencia, sería absoluto e indivisible porque estaría a favor de una persona o asamblea quien concentra todo el poder público para evitar cualquier brote de anarquía. Esta forma de abordar el concepto del poder político ocasiona múltiples reacciones entre sus contemporáneos.

 

LOCKE Y LA LEGITIMACIÓN DEL PODER DESDE LA SOCIEDAD CIVIL

 

 

 

Locke al ver que la teoría hobbesiana podía excederse en sus límites, abogó por la libertad de los individuos y la necesidad de establecer un Estado de Derecho que garantizara no sólo la convivencia pacífica de los ciudadanos, sino que introdujera la justicia, la igualdad política de los ciudadanos, protegiera la propiedad privada y garantizara la paz en su nación. Por eso, para evitar los abusos por parte del Estado que desligan al individuo de la esfera de la discusión pública sobre lo político, Locke propone que el poder político esté legitimado por el conjunto social y representado en el Parlamento inglés, para que derroque al monarca y convoque a nuevas elecciones si éste por algún motivo se convierte en despótico o gobierna en contra del conglomerado civil.

 

 

La insistencia de Locke en respetar determinadas parcelas individuales hará de él un claro precursor de la mentalidad burguesa y antiestatista de su época, lo que lo ha llevado a tener el título del principal teórico de liberalismo. A diferencia de Hobbes, en Locke el Estado tiene que rendirle cuentas a los ciudadanos.

 

 

Esto supone que el poder político esté en manos de la sociedad civil y no en las del Estado representado en el soberano, lo que marcaría una nueva forma de concebir el poder político. Pero tanto, Hobbes como Locke, coinciden en que la anarquía no puede subsistir en la escena social porque desestabilizaría los procesos sociales y económicos. Mientras Hobbes resuelve la anarquía a través del uso de la fuerza estatal, Locke la deja en manos de los procesos sociales y económicos.

 

 

La fuerza del Estado y de la sociedad civil representada en el Parlamento, serían los dos ejes sobre los cuales el poder político empezaría a debatirse en la constitución del orden social e institucional de las naciones modernas. En este punto trataremos los temas relacionados con el poder político desde una lectura de la guerra, la propiedad privada y la sociedad civil. Locke a partir de su reflexión filosófica-política contribuye a la configuración de un orden político basado en la protección de los bienes de los ciudadanos, puesto que 

libremente han optado por conformar y pertenecer al Estado.

 

 

 

El poder político tendrá su finalidad en la protección de la propiedad privada y la postulación de las leyes que regularán la sociedad, permitiendo que esta salga del Estado de Naturaleza, Se entiende por estado de Naturaleza en Locke, “un estado de completa libertad para ordenar sus actos y para disponer de sus propiedades y de sus personas como mejor les parezca, dentro de los límites de la ley natural, sin necesidad de pedir permiso y sin depender de la voluntad de otra persona (...) es también un estado de igualdad dentro del que todo poder y toda jurisdicción son recíprocos, en el que nadie tiene más que otro, puesto que no hay cosas más evidentes que el que seres de la misma especie y de idéntico rango, nacidos para participar sin distinción de todas las ventajas de la naturaleza y para servirse de las mismas facultades sean también iguales entre ellos, sin subordinación ni sometimiento a menos que el Señor, dueño de todo ello haya colocado, por medio de una clara manifestación de su voluntad a uno de ellos por encima de los demás, y que le haya conferido, mediante un nombramiento evidente y claro, el derecho indiscutible al poder y a la soberanía”. (Locke, J. Ensayo sobre el gobierno civil II)

 

 

A partir de las consideraciones sobre el poder político, la guerra, la propiedad privada y la sociedad civil, que hemos seguido de la lectura de Locke, podemos afirmar que los planteamientos del liberalismo político moderno, se fundamentan necesariamente dentro del marco del reconocimiento de la sociedad civil y de la propiedad privada. No se puede hablar en términos políticos de una defensa de ésta y de la propiedad privada, si realmente no es la base de la conformación del Estado. Los postulados de Locke sobre el gobierno civil, tienen un carácter contractual fundamentado en el ejercicio del poder en beneficio del ciudadano y nunca en su contra.

 

 

El gobernante no podría ejercer un poder despótico como en Hobbes, sino que por el contrato establecido con los ciudadanos, se debe mantener en su ejercicio la búsqueda del beneficio de la comunidad y no de los intereses de una sola persona.

 

 

 

La sociedad civil dentro del panorama político será la que siempre legitime el poder del gobernante y quien tendrá, gracias a su reconocimiento en el ámbito político, el derecho legítimo a derrocar a sus gobernantes cuando estos no cumplen con el contrato establecido. La sociedad civil como origen y fundamento del poder político es en última instancia, la que configura un Estado ordenado y legítimo.

 

 

 

El contractualismo de Locke parte de la existencia de derechos inalienables que deben ser resguardados a través de la constitución de la sociedad civil. Este es el origen de lo que comúnmente se denomina “Estado neutral”. El Estado deviene imparcial por tanto no está vinculado a ninguna concepción propia del bien. Sólo imparte las normas necesarias para que cada individuo pueda realizar en forma particular su concepción de lo bueno. Si bien la neutralidad puede partir de la ausencia de una concepción propia, ella puede justamente esconder una visión propia de la realidad social a instaurar.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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